por | May 19, 2021 | iLaCuesta | 0 Comentarios

La niña perdida: ¿Dios siente dolor?

En esta ocasión, aprovecharé una paráfrasis de la analogía del texto de Ezequiel 16, para explicar si Dios puede sentir dolor y motivarnos a una vida que le agrade a Él y nos ayude a nosotros. Puedes ver este vídeo y/o leer el texto a continuación.

La niña hallada

Cierto día, un joven rico paseaba por el bosque, cerca de su casa. En esta ocasión, apetecido de respirar aire nuevo, surcó por entre los árboles, dejando atrás el camino trazado. De pronto, de lo lejos, pudo oír un fino sonido difícil de identificar. Pidió a sus cuidadores que guardaran silencio, pero nadie más pudo oírlo. Sin impedimento, este joven rastreó el sonido hasta dar con una pequeña bebé extranjera. Su cordón aún estaba unido a la placenta, ella estaba envuelta en su propia sangre, llorando a pleno pulmón sobre la hierba salvaje, sin siquiera una manta. El joven se quitó su propia camisa y la envolvió en ella, la arrulló y trató de calmarla. Aunque los que con él estaban, trataron de decirle que la pequeña no sobreviviría, ninguno se atrevió a hacerlo  y, de esta manera, la pequeña niña fue llevada a su casa, lavada, alimentada y cuidada con amor.

La joven elegida

Con el pasar del tiempo, la pequeña fue desarrollándose en muchos aspectos y, pese a que para muchos era sólo una chica más de entre todas las sirvientas que había en la mansión, para el joven que la había encontrado era mucho más. Había sido su mejor amiga, su compañera de travesuras, su confidente y su amor secreto. Tanto era así, que llegado el momento de elegir esposa, él la eligió y ella aceptó más que alegremente. Él la vistió con las mejores telas, le dio bellísimas joyas y exóticos perfumes y otros preciados bienes.

La mujer perdida

Muy a su pesar, el joven que ahora era adulto, se enteraba de las aventuras extramatrimoniales de su amor, que usaba todo lo que él le había dado para seducir a unos y otros. Aún con el tiempo, cuando la fama de esta mujer se había tornado en infamia, era ella la que pagaba a sus amantes con las mismas joyas y perfumes que su esposo le daba. Llegó el día que, con tanto dolor como amor sentía, aquel hombre no pudo aguantar más, dejó de patrocinar sus adulterios, quedando ella así a merced de sus amantes y las esposas de estos. Cualquiera puede imaginar sin equivocarse, qué fue de ella. Hasta que, buscándola, su esposo la encontró abandona y sola, como la primera vez. Entonces le ofreció celebrar una nueva boda y darle la oportunidad de una vida fiel, porque aunque ella había olvidado cuando estaba tirada en el bosque, envuelta en su propia sangre, él no había desechado el pacto que había hecho con ella.

¿Final feliz?

Por difícil que parezca, el final de esta historia no está del todo escrito y, como tantas cosas en la vida, depende sólo de tu elección. Se trata de una paráfrasis de el texto que puedes encontrar en el libro de Ezequiel, capítulo dieciséis. Al leerlo, te darás cuenta que es mucho más duro de lo que he descrito. En él, el esposo es Dios y la mujer, el pueblo elegido. Sin embargo la misma relación existe con cada uno de los que le aceptamos y, aunque solemos decir que Dios es bueno y perdona ¿te has preguntado cuánto le pueden doler nuestros actos?

El apóstol Pablo, dedica el capítulo sexto de Romanos a explicar que no por ser perdonados debemos andar en lo malo, te invito a leerlo.

Para cerrar, quiero dejarte este versículo:

¡Bueno es el SEÑOR! Es una fortaleza en el día de la angustia y conoce a los que en él se refugian.

Nahúm 1:7

No importa en qué situación estés, refúgiate en Él. Tendrás su amor y protección, pero ¿Cómo vas a agradecérselo?

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