QUE LA GRACIA Y EL AMOR SEAN LOS QUE ENFRÍEN LA MALDAD

En muchas ocasiones hemos tenido que pasar por situaciones que nos han llevado a ser una barrera para otros e incluso piedra de tropieza, o como dice el escritor Charles Swindoll en su libro “El despertar de la Gracia” nuestros rostros van proclamando un rotundo NO. ¿Te ha pasado que te levantas de muy buen ánimo y basta con ver una noticia, salir a la calle o tropezarte con alguien que no comparte tu estado de ánimo para que el tuyo de un giro de 180 grados?.

Ni se diga cuándo vamos a hacer un trámite a una institución pública (No todas), y nos encontramos con un funcionario público que está como dicen aquí en España “de Malas Pulgas”. De esos que agreden al público al cual atiende. Y a veces lo justificamos porque tiene que soportar a personas pesadas que llegan cargados de problemas y van arrastrando una serie de situaciones, que crearon de manera temporal o perpetua en sus vidas una raíz de amargura.

El exterior afecta nuestro Interior

Si bien es cierto que somos seres emocionales y todo lo que gira en torno a nosotros afecta de manera directa o indirecta, nuestro humor y por consiguiente nuestra manera de actuar, debemos ser conscientes hasta que punto debemos permitir que nuestras emociones nos controlen. Porque la fuente del problema no radica en que seamos seres emocionales o no, seres perfectos o no, la fuente del problema es cuando lo exterior afecta nuestro interior, cuando nuestro corazón empieza a ser contaminado por un mundo lleno de maldad, opacando así el amor y la gracia que nos debe caracterizar como hijos de Dios hechos a su imagen y semejanza. El crecimiento espiritual es necesario, y el mismo dependerá de la oración y la palabra de Dios, para conseguir esa ayuda espiritual que necesitamos.

Lo Normal es lo Bueno

Una vez me tocó una de estas visitas indeseadas al hospital con mi esposa (digo indeseadas porque nadie quisiera visitarlo como paciente ni que un ser querido padezca dolor o enfermedad), a ella le tocó ser atendida por una Dra con un sentido de vocación palpable y una calidad humana inigualable, que me hizo poner en contraste las otras ocasiones en la que he asistido a un centro de salud donde a veces el nivel de desprecio y maltrato dan ganas de no enfermarse, no tanto por padecer dicha enfermedad sino por no pasar por dicha situación.

Pero como les decía, este no fue el caso, por un momento pensé que quizás sería por lo aparentemente joven que se veía, pero luego al escucharla hablar me di cuenta que experiencia tenía y por ende tiempo ejerciendo, por lo que su empatía me dejó desubicado por un momento e imagine que por ser mujer entendía a mi esposa hasta que dijo que no había pasado por algo así, pero intentaba ponerse en el lugar de ella, de una manera muy amorosa como quien trata a un niño, por lo que me sorprendió aún más.

justificar

Luego traté de justificar su buena actitud y su falta de maldad pensando que quizás sería el hecho de que no había tenido suficiente con pacientes horribles (que también los hay) para ponerse de malas, pero entendí que no era eso tampoco, pues ya era más de mediodía y probablemente no iba a almorzar porque tenía muchos pacientes por atender y otras doctoras de su especialidad le pasaban emergencias que, por la razón que fuera, no querían atender, lo que al verlas destruyeron mis teorías del porque esta doctora estaba siendo lo que normalmente o adecuadamente debe ser un profesional, y a lo que hoy en día este mundo nos ha hecho ver como inusual.

Sea cual fuera su condición, sea por que ama su trabajo y lo hace con amor, sea porque realmente la empatía era su bandera, o sea porque lleva a Cristo en su corazón entendí que estaba enfocando mi compresión de la situación de una manera errónea, y es que no estaba viendo que eso es lo normal y no lo que en muchas ocasiones vivimos e incluso terminamos formando parte; digo terminamos formando parte porque les confieso que al ver a mi esposa tan mal no estaba dispuesto a tolerar ningún maltrato más e iba predispuesto. Y al ver cómo surgió todo, sentí vergüenza interna porque comprendí que por experiencias pasadas; era yo quien estaba llevando conmigo esa raíz de amargura.

Pero gracias a Dios y a su palabra que es nuestra guía de vida, no contaminé a nadie, pues Dios me hablo a través de su palabra en Hebreos 12:15 “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;”.

Reconocer es el primer paso

Como seres imperfectos que necesitamos si o si la Gracia de Dios nos ha pasado; a veces sin ser conscientes al momento, podemos andar llevando raíces de amargura a todos lados, contaminando a quienes ni se enteran de nuestras realidades y estos a su vez contaminan a otros.  Para hacer la diferencia debemos dar el primer paso, el cual es reconocer lo que esta mal. Jesús mismo se lo hizo saber a sus discípulos sentado en el monte de los Olivos, cuando afirmó que por multiplicarse la maldad, el amor de muchos se iba a enfriar (Mateo 24:12).

El punto de todo esto no es que el mundo sea malo o no, porque el mundo es cruel por estar sumergido en el pecado, la cuestión es ¿Hasta qué punto estamos dispuesto a dejarnos arrastrar por estas corrientes donde el amor y la gracia ya no tienen espacio en nuestro corazón? o ¿Porque el mundo debe influir más en mi vida que el mismo Jesús?. Amemos primero, contagiemos a los demás con ese amor que debemos reflejar, para que sea la maldad que se enfrié. Dios nos amo primero, por eso le amamos (1 Juan 4:19). Amemos primero y dejemos que Dios actué por medio de ese amor que reflejemos.

El amor cubre multitud de pecados

Jesús sufrió de la manera más cruel que alguien pudiera imaginar y sería capaz de soportar, pero nos quejamos cuando el vecino anda de malas y nos ve con mala cara o sencillamente nos tratan mal, alegando  con esta pregunta retórica: “¿Qué culpa tengo yo de lo que él esté pasando?”, o la típica afirmación: “¡Es injusto yo no me lo merezco!”, y por ello pasamos de ser víctimas a victimarios, a veces con quien no nos ha hecho nada. Ahora, te has puesto a pensar ¿Jesús tuvo culpa de algo?, Acaso ¿Se lo merecía?. Creo que para ambas preguntas la respuesta es la misma. Pero por amor permitió ser torturado, flagelado, humillado y asesinado, aunque tenía el poder de librarse de todo, continuó hasta el final por Amor, y su misericordia es tan infinita que en su lecho de muerte abogó ante el Padre que los perdonará (Lucas 23:34).

No hablo de que debemos andar como mártires recibiendo o buscando recibir de todo aquel el peor de los tratos para demostrar lo bueno que somos, de lo que hablo es que sigamos el ejemplo de Jesús y por amor al prójimo, por empatía y por misericordia no dejemos que el mundo nos contagie, al contrario contagiemos al mundo y hagamos la diferencia para que no seamos parte del problema sino de la solución, apoyados y respaldados por Cristo Jesús.

Recordemos, las personas pueden ser lo que sea y actuar como quieran; pero si mostramos un poco de gracia, sabiendo que la misericordia debe ser parte de ese amor que nos mandan a reflejar, quizás hagamos la diferencia en la vida de esas personas, que sin darse cuenta pueden llevar una raíz de amargura producto de la maldad de este mundo. Recordemos lo que dice 1 Pedro 4:8: “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados”.

Dios les Bendiga hermanos y que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros..!

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Emilio

Emilio

Redactor

Emilio Pérez, Sirve en el Ministerio de Evangelización y el Ministerio de Media de ILaCuesta, Estudiante de SEFOVAN, Casado con Jesika, Padre de una Maravillosa niña, Ingeniero en Informática, Licenciado en Educación Mención Computación, Amante de la Cristología y de la Apologética. Predica Juan 3:16
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