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Una iglesia ¿viva?

El mundo ha cambiado…

Estos días de confinamiento están cambiando el mundo ¿No crees? Nuestras casas se han convertido en nuestro mundo, nuestras relaciones ahora se producen (más que nunca) a través de una pantalla y hemos comenzado a darnos cuenta y a valorar cosas que antes simplemente eran insignificantes (hasta pasear al perro se ha convertido en toda una aventura y en la fuente de paz y diversión de muchos) Es que el mundo está cambiando. Y el punto de inflexión en el que estamos inmersos ahora mismo está despertando muchos cambios de paradigmas en la sociedad en la que (antes) vivíamos.

Y pasa lo mismo en la iglesia, los domingos ahora nos vemos por Zoom, los grupos de hogar por Facebook y los anuncios ahora son exclusivos de WhatsApp. Las reuniones de oración son en nuestros sofás, las predicaciones en vídeo y nuestros profesores de escuela dominical ahora dan sus clases desde su salón.

La solidaridad espontánea

Y ante todo este desbarajuste enorme en nuestra manera de ver la vida y de vivirla también podemos observar cómo las personas se vuelcan en ayudar a los demás: hay gente que se ha puesto de acuerdo (miles) para fabricar respiradores para los hospitales, otros fabrican mascarillas improvisadas, otras se ofrecen a hacer la compra a personas mayores, otros ofrecen sus servicios gratuitamente por internet. Muchos famosos y organizaciones donan dinero y medios para poder ayudar.

En definitiva parece que el COVID-19 ha sacado la cara más altruista, generosa y colaborativa de cada esquina de la sociedad española.

¿Qué pasa en la Iglesia?

Y ¿Está pasando lo mismo en la iglesia? Ojalá pudiéramos decir con total certeza que si, que la Iglesia está dando la talla, que la iglesia en España está actuando como Dios espera que actuemos. Pero creo que si todos somos sinceros, no. No estamos dando la talla. Uno de los síntomas (por nombrar uno) más interesantes que demuestran que Su Iglesia no está en lo que debería estar es que la primera discusión que se generó el primer fin de semana de confinamiento en la generalidad de las iglesias fue si era de buen cristiano suspender la reunión del domingo para hacerla online. Y la cosa no para ahí, sino que aún con cerca de 2 semanas de confinamiento nos seguimos viendo a nosotros mismos como el ombligo del mundo y continuamos hablando de nosotros mismos, de nuestra rutina, de nuestras reuniones, de que ahora estamos pasando más tiempo con Dios (que está genial) y nuestras oraciones apuntan hacia que Dios nos cuide, que nos resguarde, que nos proteja, que nos, que nos, que nos <pon aquí lo que quieras> Si miramos un poco la Biblia, por ejemplo, a la iglesia primitiva, en Hechos, podemos ver como la iglesia salía, cómo la iglesia era el referente en un mundo oscurecido. Y podemos ver, tanto a lo largo del Nuevo Testamento como de la historia de esta primera iglesia, que una característica inherente del cristiano es que, en la adversidad destaca, en los problemas aporta soluciones, en la oscuridad brilla. ¡Somos la luz del mundo!

NOTA: Esto no es un llamado a no pedir a Dios por nuestras necesidades, tendríamos que borrar gran parte de la Biblia incluyendo Salmos entero. Más bien es un llamado a entender nuestro papel en este mundo como Pueblo, Iglesia e hijos de Dios.

¿Una iglesia escondida?

Pero parece que nosotros, Su Iglesia actual, estamos colocados donde nadie nos ve, sin ningún impacto, quietos, estáticos, congelados, estamos esperando a que todo pase de largo, sin darnos cuenta de que lo que realmente está pasando de largo es la oportunidad de transmitir el evangelio. Quizá es solo un reflejo de lo que ya nos pasaba. Quizá hemos transformado esta vida Cristiana en este mundo en simplemente esperar a que todo pase antes de ir al cielo. Quizá por eso nuestro interés por evangelizar casi siempre roza los mínimos y es ahora, en una emergencia global, cuando sale a la luz lo que antes no era tan evidente. Quizá seguimos esperando a que todo pase, inmóviles, ausentes.

Pero el cristiano no debe esperar a que todo pase, el cristiano debe influir en cada cosa que está pasando. (Lee 2 Reyes 7, y relee 7.9)

Mirándolo desde otro punto de vista, este periodo, con todo este caos, con todo este sufrimiento, se podría traducir en oportunidad. La oportunidad de realmente mostrar a Jesucristo a las personas (y mostrar a Jesucristo se traduce en mensaje + acción) Quizá otra manera más de verlo y hacernos pensar es preguntarnos; cuando todo esto acabe y se valore cómo todos hemos ayudado, lo que hemos aportado y lo que no. ¿Qué se dirá De la Iglesia evangélica en España? ¿Dirán que fuimos un referente? ¿Dirán que hicimos algo? ¿Dirán algo de nosotros? ¿Algo bueno? ¿Algo malo?

¿Qué puedes hacer?

Pero este artículo no puede acabar así. Sería irresponsable e incoherente. Porque esperamos que ahora estés preguntándote qué puedes hacer para cambiar las cosas, qué puedes hacer para ser luz en un mundo que se ahoga en las tinieblas más que nunca. Qué podemos hacer para (parafraseando a Leeland) levantarnos, sacudirnos el polvo y brillar.

Pues aquí tienes un par de ideas, desde lo más básico hasta lo más ¿valiente? Con la que mostrar a Jesús a miles (o a un puñado) de personas que están necesitadas de Él. Con la misma necesidad de siempre, pero quizá, con más disponibilidad que nunca.

  • Puedes enviar cartas (por correo electrónico) a estas cuentas de correo donde se les hará llegar a personas que están confinadas en distintos hospitales que han dado positivo por coronavirus.

Ramón y Cajal: covidryc@gmail.com

Clínico San Carlos: apoyoclinicosancarlos@gmail.com

La Paz: unidosenlacuarentena@gmail.com

Alcorcón: cartashospitalalcorcon@gmail.com

Gregorio Marañón: apoyocovid.HGUGM@gmail.com

Severo Ochoa: juntoscontraelcovid@gmail.com y venceremos.covid19@gmail.com

12 de Octubre: esperoquetemejores@gmail.com

Infanta Leonor: covid.vallecas@gmail.com

Puerta de Hierro: coronapuertadehierro@gmail.com

  • Ofrécete a tus vecinos para hacer la compra, sacar la basura y otras tareas donde puedes ayudarles, sobre todo a personas mayores y que no pueden desplazarse fácilmente.
  • Comparte en tus redes sociales el mensaje del evangelio, comparte lo que Jesus ha hecho en tu vida y comparte que Jesús es lo que realmente necesitan las personas.
  • Contacta con personas con las que hace tiempo que no hablas, personas que se han apartado o personas que nunca han conocido a Jesús. Habla con ellas, interésate, reconecta, los corazones ahora están más dispuestos a escuchar.
  • Infórmate de cómo puedes ayudar económicamente a organizaciones sin ánimo de lucro que están recaudando fondos para la prevención del coronavirus y ayuda de esta manera también.
  • Ora, ora, ora. Y no seas solo general en tu oración, ora explícitamente, por personas que conozcas, por personas que hayas oído, por su relación por Dios, por qué conozca de Él y acompaña esa oración con acción.
  • Acompáñanos este domingo en el día de ayuno y oración por el COVID-19.

En definitiva, hay mucho que puedes hacer, seguramente mucho más de lo que hay en esta lista, a si que saquemos a relucir nuestra imaginación y pongámonos manos a la obra.

Recordemos que Jesús murió por nosotros, recordemos el gozo de la salvación, llenémonos de eso, tanto, que nos desborde.

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Jonás López Mesa

Jonás López Mesa

Redactor

Me gusta mucho escribir y profundizar más en Dios. Deseando ver la iglesia crecer cada día. Jeremías 9.24

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